TIO
SAM
El rey está desnudo
El poder del Tío Sam reposa sólo sobre dos pilares: el dólar de papel y el Pentágono. Uno apoya al otro, pero la vulnerabilidad de cada uno es también un talón de Aquiles que amenaza la viabilidad del otro.
PRESENTACIÓN DEL TÍO SAM AL DESNUDO
El Tío Sam renegó y no cumplió con más del 40% de su trillón
de dólares de deuda externa, y nadie dijo una palabra excepto una línea en The
Economist. En buen inglés, esto significa que el Tío Sam defrauda al mundo
entero con el dólar que él fabrica, basado en la confianza pedida y recibida de
los otros tíos diseminados por todo el planeta. Es también un estafador, pues no
honra ni devuelve el dinero que recibió.
Cuánto de nuestra apuesta al dólar perdemos, depende de cuánto originalmente
pagamos por él. El Tío Sam dejó su dólar caer a través de sus políticas
económicas deliberadas en un 40%, de 80 centavos por euro a 133 centavos por
euro. El dólar está bajo en una proporción semejante con relación al yen, al
yuan y a otras divisas. Y va a declinar más. En verdad, tiende a sumergirse
totalmente.
También hubo un diluvio de desvalorizaciones competitivas en la década de 1930,
denominadas "debilita la posición de tu vecino", con el traspaso de costos a las
espaldas de los vecinos. En verdad, como el dólar ha declinado, también declina
el valor real que los extranjeros pagan por el servicio de su deuda al Tío Sam.
Pero esto funciona solo si ellos mismos pueden ganar en divisas que aumentasen
de valor con relación al dólar. En caso contrario, los extranjeros ganan y pagan
en los mismos dólares desvalorizados, y aún así con alguna pérdida debido a la
desvalorización entre el momento en el que lograron sus dólares y el momento en
el que tuvieron que repagarlos al Tío Sam. China y otros países del Extremo
Oriente ganan en dólares, a los cuales están colgadas sus respectivas divisas;
de modo que ellos ya perdieron una porción sustancial de su apuesta en dólares,
de lejos la mayor del mundo.
La deuda del Tío Sam para con el resto del mundo ya sube a más de un tercio de
su producción interna anual y continúa creciendo. Esto, sólo en sí mismo, ya
hace con que su deuda sea económica y políticamente impagable, aún si él
quisiera, cosa que no sucede. La deuda interna del Tío Sam, (ej: tarjetas de
crédito), es casi 100% del producto interno bruto (PIB) y del consumo,
incluyendo el de China. La deuda federal del Tío Sam es ahora de US $ 7,5
trillones, de la cual, menos US $ 1 trillón fue adquirida en las últimas tres
décadas. Los últimos US $ 2 trillones, en los últimos ocho años, y el último US
$ 1 trillón en los últimos dos años.
Lamentablemente, esto cuesta más de US $ 300 mil millones por
año en intereses, lo que puede ser comparado con, por ejemplo, los US $ 15 mil
millones gastados anualmente en la National Aeronautics and Space Administration
(NASA). Pero no se preocupen: el Congreso acaba de aumentar el techo de la deuda
a US $ 8,2 trillones. Para ayudarnos a visualizar esto, US $ 1 trillón atados de
forma bien compacta en billetes de US $ 1000 formaría una pila con 100 Km de
altura.
Pero cerca de la mitad de ella está en manos de extranjeros. Toda la deuda del
Tío Sam, incluyendo el consumo doméstico privado, las tarjetas de crédito, las
hipotecas, etc., de cerca de US $ 10 trillones, más la corporativa y financiera,
con opciones, derivativos y semejantes, y la del Estado y gobiernos locales,
llegan a un monto invisualizable, en verdad inimaginable, de US $ 37 trillones,
lo que corresponde a aproximadamente cuatro veces el PIB del Tío Sam. Solamente
una parte de ella puede ser administrada internamente, aunque con peligrosas
limitaciones para el Tío Sam, como se demuestra abajo. Ésta es la única razón
por lo que quiero presentar al Tío Sam, el defraudador, la denominación que
puede recordarse del film "Meet Joe Black" [1]; pero cuando nosotros lo
conozcamos mejor, más abajo, descubriremos que él también es un Shylock [2],
además de corrupto.
LA GUERRA FRIA
POR ENCARGO DEL TÍO SAM
Estados Unidos es el país más privilegiado del mundo porque
tiene el monopolio de imprimir la divisa de reserva mundial a su voluntad y a un
costo nulo, excepto en cuanto al papel y a la tinta de impresión. Además, al
hacer esto, el Tío Sam puede exportar hacia afuera la inflación que él genera a
través de los dólares extras que imprime, de los cuales ya hay por lo menos, más
del triple circulando en el mundo de los que el Tío Sam tiene dentro de su casa.
Adicionalmente, su país es también el único cuya deuda "extranjera" es
principalmente en dólares, la propia divisa mundial que él puede imprimir a
voluntad, al paso que la mayor parte de la deuda externa de los extranjeros
también es en los mismos dólares, con la diferencia de que ellos tienen de ser
comprados al Tío Sam con su propia divisa y bienes reales. Así, él simplemente
paga a los chinos, y a los otros, fundamentalmente con estos dólares que ya
comienzan a no tener cualquier valor real además de su papel y de su tinta. De
modo que, especialmente la pobre China, entrega por nada al rico Tío Sam cientos
de millares de millones de dólares en bienes reales producidos internamente y
consumidos por el Tío Sam. A continuación China vuelve otra vez a comerciar
estos mismos dólares de papel por más papeles del Tío Sam, llamados Títulos
Certificados del Tesoro (Treasury Certificate), los que incluso tienen menos
valor, excepto por el hecho de que pagan una tasa de interés. Porque, como
apuntábamos, ellos nunca podrán ser plenamente ni siquiera parcialmente
resarcidos, y de cualquier forma ya habrán perdido mucho de su valor.
Ya argumenté que el poder del Tío Sam reposa solo sobre dos pilares: el dólar de
papel y el Pentágono. Uno apoya el otro, pero la vulnerabilidad de cada uno es
también el talón de Aquiles que amenaza la viabilidad del otro. Desde entonces,
Irak, para no mencionar Afganistán, ha mostrado que la confianza en el Pentágono
no es inagotable, así como no lo es la confianza en la capacidad del Tío Sam
para utilizarla en la financiación de las aventuras extranjeras del Pentágono.
Adicionalmente, debemos percibir que todos los números del Tío Sam, también son literalmente relativos. Hasta ahora, las relaciones con otros países, en particular con China, aún favorecen al Tío Sam, pero ellas también ayudan a mantener una imagen que es engañosa.
Hay que considerar lo siguiente: Un juguete de US $ 2 al
salir de una fábrica propiedad de los EEUU en China tiene un valor de US $ 3 a
llegar a San Diego. Cuando un consumidor americano lo compra por US $ 10 en la
cadena Wal-Mart, la economía americana registra US $ 10 en ventas finales, menos
US $ 3 del costo de importación, con una adición de US $ 7 al PIB americano.
Además, el siempre experto Tío Sam arregló las cosas para ganar el 9% de sus
haberes económicos y financieros en el exterior, mientras los extranjeros pueden
ganar apenas el 3% sobre los suyos, y entre ellos sobre sus Certificados del
Tesoro, hay apenas 1% de retorno real. Se nota que esta diferencia de 6 puntos
porcentuales ya es el doble de lo que el Tío Sam paga hacia afuera, y el total
del 9% que toma es el triple de los 3% que él da de vuelta. Por tanto, aunque
los haberes extranjeros y los del Tío Sam sean ahora aproximadamente iguales, el
Tío Sam es de todas maneras el gran vencedor líquido, como cualquier Shylock,
aunque ningún otro hizo jamás tan grande negocio.
Pero el Tío Sam también gana bastante bien por los pagos del servicio de la
mayor parte de los pobres deudores extranjeros. Las sumas envueltas no son ni
maníes ni patatas. Sólo de sus inversiones directas en propiedad extranjera las
ganancias del Tío Sam ahora equivalen al 50%, e incluyendo sus lucros de otros
haberes en el exterior ahora son el 100% de las ganancias logradas de todas sus
actividades internas propias sumadas. Éstas ganancias extranjeras añaden más del
4% al producto nacional del Tío Sam. Esto ayuda extraordinariamente a compensar
el fracaso de las ganancias internas, que todavía tienen que recobrar su nivel
de 1972, porque el Tío Sam fracasó en promover suficientemente la productividad
dentro de casa.
El alarde sobre la productividad de la "nueva economía" del presidente Bill
Clinton en la década de 1990 estaba limitado a computadoras y tecnología de la
información (TI), aunque demostró ser una engañifa cuando estalló la burbuja de
las dot.com. Además, no sólo el aumento aparente de las "ganancias", sino
también el de la "productividad", se basaban en las espaldas de los trabajadores,
en trabajar más arduamente y durante más horas y, por otra parte, arriba, en los
escritorios, en la contabilidad creativa y trampeada como resultó cor la Enron y
otras semejantes. Tales factores aún compensan y permiten gran parte del déficit
comercial de US $ 600 mil millones del Tío Sam, que continúa aumentando por el
exceso de consumo interno con relación a lo que ellos mismos producen. Fueron
estos factores los que resultaron en la deuda multi trillonaria. El Tío Sam es
renuente en revelar cuánto es exactamente esta deuda, pero lo que es seguro es
que es, de lejos, la mayor del mundo.
EL TÍO SAM NO PUEDE SALVARSE POR SÍ MISMO: ESTÁ VICIADO EN
EL CONSUMO Y EN OTRAS DROGAS
La cuestión es simple, el Tío Sam, que está cada vez más viciado en el consumo, sin mencionar el vicio en las drogas duras, no ahorra más del 0,2% de su propia producción. El gurú de la Reserva Federal, Alan Greenspan, observó recientemente que esto es así porque el 20% de los americanos más ricos, -que son los únicos que hacen ahorro-, redujeron éstos al 2%. Aún así, estos miserables ahorros (otros, países más pobres, ahorran y hasta invierten 20%, 30% y aún 40% de su producción) son más que lo que contrabalancea por el 6% de déficit de gastos del gobierno. Es esto lo que trae la tasa de ahorro medio al 0,2%. Para mantener el déficit presupuestario de más de US $ 400 mil millones (más del 3% del producto interno bruto nacional), que en la realidad es de más de US $ 600 mil millones si contamos, como debemos, los más de US $ 200 mil millones que el Tío Sam "presta" de los excedentes temporales de su propio Fondo Federal de Seguridad Social que también está en bancarrota. (Pero no importa, el presidente George W. Bush acaba de prometer privatizarlo y dejar que las personas compren su propia "seguridad" para la vejez en un mercado cada vez más inseguro).COMO El TÍO SAM CREA Y COSECHA LA DEUDA DEL TERCER MUNDO
El secretario del Tesoro y su servil Fondo Monetario Internacional continúan alegremente pavoneándose por todo el mundo insistiendo que en el Tercer — y el ex-Segundo, ahora también Tercer Mundo, continúen pagando el servicio de sus deudas externas, especialmente para con él. No importa que con las tasas de interés multiplicadas varias veces por el propio Tío Sam, después del golpe de Paul Volcker en Octubre de 1979, la mayor parte de las mismas ya fue paga tres a cinco veces con relación a su empréstito original. Para pagar todo a las tasas de interés que Volcker disparó al 20%, ellos tienen que prestar aún más, a tasas aún más altas. De esa manera, sus considerables deudas externas se han duplicado y triplicado, sin mencionar sus deudas internas, particularmente en Brasil. La privatización es el nombre del juego allí y en todas partes, excepto en cuanto a la deuda. La deuda después de ser sido asumida principalmente por los negocios privados, fue socializada porque solo el Estado tiene el poder suficiente para hacer el gran volumen de pagos atrasados exprimiendo a los pobres y a las capas medias y transfiriéndolo como pago al Tío Sam.Cuando llamaron a los mejicanos, para que se aprieten los cinturones una vez más, contestaron que no podían porque ya se habían comido sus cintos. Sólo Argentina, y por un momento Rusia, declararon una moratoria efectiva en su "servicio" de la deuda, y esto sólo después de políticas económicas que destruyeron sus sociedades, gracias a los consejeros del Tío Sam y al brazo fuerte del FMI. Desde entonces, el propio Tío Sam ha estado alegremente incumpliendo su propia deuda externa, tal como ya aconteció varias veces antes, en el siglo XIX.
Para hablar de eso, es bueno recordar por lo menos dos consejos dados en aquel tiempo. Lord Cromer, que administró Egipto para los intereses imperiales británicos, entonces dominantes, dijo que su más importante instrumento para hacer eso fueron las deudas de Egipto para con Gran Bretaña. Estas se habían multiplicado cuando Egipto fue obligado a vender sus acciones del Canal de Suez a Gran Bretaña a fin de pagar sus deudas anteriores. El primer ministro británico Benjamín Disraeli explicó y justificó la compra del mismo con el argumento de que fortalecería los intereses imperiales británicos. Hoy, esto es llamado "debt-for-equity swaps", que es una de las políticas favoritas recientes del Tío Sam: usar la deuda para adquirir recursos reales lucrativos y/o estratégicamente importantes, tal como fue el canal para el imperio Británico como camino hacia la India.
Otra pieza de consejo práctico vino del primer estratega militar, Carl von Clausewitz: hacer con que las tierras que se conquisten paguen su propia conquista y administración. Es claro que fue exactamente lo que hizo Gran Bretaña en India a través de los infames "Home Charges" enviadas a Londres como pago por la administración británica en India. Los mismos británicos lo reconocieron como "tributo" y como responsable de gran parte del "drenaje" de India a Gran Bretaña. Ahora se ha vuelto más eficiente dejar que los propios estados de los países extranjeros se administren, pero a través de un conjunto de reglas impuestas por el FMI del Tío Sam, y efectuar de esa manera el drenaje del servicio de la deuda. Realmente, también en esto los británicos establecieron en el siglo XIX el precedente de contar con el "imperialismo del libre comercio" con Estados "independientes" tanto cuanto fuera posible y por tanto tiempo posible, utilizando la diplomacia de la cañonera, para hacer tal trabajo (qué el Tío Sam aprendió a copiar en el principio del siglo XX); y si esto no fuera suficiente, simplemente invadir, y si es necesario ocupar — y entonces confiar en la regla de Clausewitz. (Observaremos varios ejemplos recientes de esto especialmente el de Irak, en un segundo artículo de esta serie).
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