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EN DEFENSA DE EVO MORALES

Por Olmedo Beluche

     La abrumadora victoria electoral y el ascenso de Evo Morales a la presidencia de Bolivia ha conmocionado al mundo.  Para la mayoría de los latinoamericanos y gentes progresistas de todas partes estos hechos nos llenan de entusiasmo y optimismo. Para una minoría, pero poderosamente importante, de élites criollas y capitalistas europeos y norteamericanos, les llena de temores y rabia contenida.

    Estos últimos, impotentes ante el contundente triunfo electoral y el fracaso de la intento golpista del fraude electoral, dejan escapar su rencor y sus temores, a través de comentarios cínicos sobre la vestimenta de Evo, sus grados académicos, sus orígenes humildes y una pretendida “confusión” sobre sus cultivos de coca y el narcotráfico.

    El vocero más reputado de los que “sangran por la herida” ha sido, hasta ahora, el escritor “afrancesado” y neoliberal Mario Vargas Llosa, hijo de la élite criolla peruana, otro país andino  donde una minoría blanca ha vivido 500 años de la explotación y marginación de los indígenas americanos. De la miseria y el analfabetismo de mestizos e “indios” peruanos ha sacado la élite criolla riqueza para dedicarse a los placeres de una vida cómoda, de paseos por Europa y tiempo  para los retruécanos intelectuales.

     En su articulillo “Raza, botas y nacionalismo”, el Sr. Vargas Llosa intenta esconder sus prejuicios e insultos racistas contra Evo Morales tildándolo a éste de “racista”(¡!).

      Con la habilidad del escritor bien pagado para desarrollar su oficio, Vargas Llosa convierte la realidad en su contrario: la vestimenta sencilla de campesino boliviano de Evo, es obra de un “asesor de imagen” neoyorkino; los otros expresidentes mestizos y aindiados de Bolivia  fueron todos dictadores y  “espadones”, escondiendo el hecho irrefutable que fueron instrumento de las oligarquías blancas criollas e intereses extranjeros; plantear el problema latinoamericano en términos raciales es “demagogia” e “insensatez”, claro el que lo dice es un blanco criollo; aunque reconoce que Evo nació de una humilde familia india,  no es indio, sino criollo, etc.

   Al final el “escritor” deja escapar sus temores, verdadero origen de sus prejuicios raciales. La miseria de Latinoamérica no es culpa de las empresas transnacionales que, en asocio con empresarios “blancos”  casi todos (¿casualidad?),  han saqueado nuestras riquezas por siglos. No. La miseria es culpa, según Vargas Llosa, de las “nacionalizaciones” de Velasco Alvarado, de los Hugo Chávez y, aunque parezca increíble, de los Evo Morales.

    Lo que no dice, y más temen de Evo Morales,  tanto Vargas Llosa como los capitalistas latinoamericanos y las empresas extranjeras que lucran en el continente, es al indio rebelde, al sublevado contra el poder criollo y extranjero, al insumiso y al cimarrón que puede tirar abajo la perfección del mundo como está.

   Por eso la crítica contra Evo empieza con su vestimenta, pues si en vez de enfundado en una chompa, viajara por Europa disfrazado de saco y corbata, habría la seguridad de estar ante el “indio manso” que quiere parecerse a sus amos. Que Evo persista en vestirse “mal” le hace sospechoso. Por ello el “rey” de España (hijo de una supuesta dinastía “defensora” del indio, que ayer mandaba conquistadores y hoy nos envía a Unión FENOSA, Telefónica y BBVA) le regala una corbata.

    Estas clases dominantes saben bien, lo que parece no entender todavía un sector de la (ultra) izquierda latinoamericana, con James Petras a la cabeza: que la victoria de Evo Morales significa para Bolivia y Latinoamérica toda una revolución democrática.

    Triunfo revolucionario obtenido no el día de las elecciones, sino en un decenio de luchas y movilizaciones callejeras, con decenas de muertos, huelgas, bloqueos de caminos, caídas de varios presidentes, etc. Triunfo democrático, no en el sentido meramente electoral, sino en que luego de cinco siglos de marginación la mayoría indígena de Bolivia ha conquistado con la lucha su derecho a estar representada en el Parlamento y el Ejecutivo.

      Que un aymara o aimara, orgulloso de serlo y mostrarlo, no un “indio manso” o un pelele, asuma la presidencia de Bolivia es toda una revolución, un gran triunfo democrático, tan grande como cuando calló el apartheid en Sudáfrica y Nelson Mandela fue investido presidente. 

    En el sentido de la opresión racial y nacional, éste es un triunfo tan grande y un paso adelante tan significativo, como lo ha sido respecto a la opresión de género cuando la primera mujer se sentó en un Parlamento latinoamericano, o cuando la primera mujer llegó a ocupar un sillón presidencial. Significa el fin de siglos de descarada marginación política por razones de raza o género.

     Lo que Vargas Llosa y los ideólogos de la globalización imperialista neoliberal intencionadamente ocultan al condenar todo nacionalismo como retrógrado y “bárbaro”, es que, como decía Lenin, existen dos tipos de naciones: las naciones opresoras y las naciones oprimidas. Mientras el nacionalismo de las primeras es un arma ideológica para sostener la explotación y opresión de otros pueblos; el nacionalismo de las segundas es arma de lucha por la liberación contra el imperialismo económico, social y cultural.

     Por ello, hoy celebro junto al pueblo boliviano y a todos los pueblos originarios de Abya Yala, junto a los compañeros del Movimiento Popular Unificado de Panamá, el ascenso al poder del compañero Evo Morales.

    ¿Si Evo va a nacionalizar el gas, va a repartir la tierra y hacer el socialismo en Bolivia? Francamente no lo sé. Creo que eso va a depender más que de Evo, del propio pueblo boliviano. Pero, aunque se dé la peor de las hipótesis, que Evo fracasara en todo (lo cual no deseo), ya con este triunfo de hoy me basta para estar contento.

     Porque, compañero James Petras, aunque ser “indio” no baste para resolver todos los problemas de Bolivia hoy, ser “indio” sí es un primer gran paso. Las demás reivindicaciones sociales y económicas del pueblo boliviano, le corresponde a sus organizaciones, como la COB y el COR, mantenerse vigilantes, organizadas y movilizadas para asegurarse de que el gobierno de Evo no traicione sus compromisos y, si fuera el caso, desplazarle para asegurar un verdadero gobierno obrero y campesino.