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CRISIS UNIVERSITARIA Y NEOLIBERALISMO
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Después
de más de dos meses de lucha que costó
un
muerto y varios heridos, los estudiantes universitarios del Perú lograron
una primera gran victoria parcial frente al gobierno y su política, al
conseguir la destitución de las autoridades corruptas y aperturar la
reorganización en dos de las tres universidades tomadas por sus alumnos:
la Universidad Nacional del Altiplano (UNA) en Puno y la Universidad
Nacional de Trujillo (UNT). En Lima la Universidad Nacional de Ingeniería
(UNI) fue ocupada por la fuerza pública pero los estudiantes siguen en pie
de lucha reclamando también la destitución del rector. Estos hechos fueron
precedidos por las jornadas de la Universidad Nacional Jorge Basadre (UNJBG)
de Tacna donde también los estudiantes, después de más de 40 días de toma
de locales, lograron la renuncia del rector y las autoridades corruptas.
Estas luchas dan inicio a un proceso de recuperación del movimiento
estudiantil peruano y muestran
un problema mas de conjunto que afecta a casi todas las universidades del
Perú evidenciando el carácter estructural de la crisis universitaria.
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Este
flujo de las luchas estudiantiles en el Perú, se da en el marco de un
periodo de asenso del movimiento estudiantil y popular en América Latina;
en Bolivia, por ejemplo, los estudiantes de la Universidad Técnica de
Oruro (UTO) vienen realizando numerosas jornadas de protesta en contra del
actual modelo de universidad impuesto en su país, ha ello también se suman
las luchas que vienen librando los estudiantes en Brasil y en otras
universidades del continente. Ha diferencia de las jornadas
latinoamericanas por la primera reforma universitaria que se oponían a la
universidad aristocrática de principios del siglo XX y buscaban la
democratización y modernización capitalista de la universidad, las
actuales luchas se dan en un contexto de crisis del modelo neoliberal en
América latina y en el mundo, lo cual se evidencia en que el derecho a la
educación publica y de calidad es vulnerado sistemáticamente. De ahí que
la presente lucha estudiantil en el Perú y América Latina, partiendo de
demandas democráticas muy sentidas, adquiere una dinámica
antineoliberal, y por tanto antiimperialista y anticapitalista.
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Naturaleza de la crisis de la universidad peruana.
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A partir de 1992 el gobierno neoliberal y dictador de Alberto Fujimori
implementó una serie de contrarreformas a la ley universitaria 23733, las
cuales se enmarcarían dentro del proceso de instauración del nuevo modelo
de estado neoliberal que encuentra en la fraudulenta Constitución del 93
su expresión jurídica y política más importante.
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Esta contrarreforma universitaria tiene su “base” legal en la promulgación
de los decretos supremos 739, 700 y 726, los cuales no solo eliminan de
plano la autonomía universitaria al permitir el ingreso de las fuerzas
armadas y policiales al claustro universitario y condicionan los silabus y
curriculas al gobierno central ha través del ministerio de educación, sino
también establecen la implementación de cobros por derecho de enseñanza,
la reelección de autoridades universitarias, la limitación de la libre
participación de los estudiantes en el cogobierno universitario, entre
otras medidas.
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La nueva legislación Fujimorista, al recortar estos derechos democráticos
fundamentales, sienta las bases para la materialización del proyecto de
universidad-empresa que le permite al estado desentenderse del gasto
en educación superior para priorizar sus compromisos con la deuda externa
que hoy consume el 26% del presupuesto nacional mientras a la educación
publica apenas se le destina el 2%. Ello traería como consecuencia el
desfinanciamiento de la universidad y la instauración de mecanismos
empresariales que obligan a que los estudiantes terminen cubriendo el
déficit presupuestal a través del cobro de “tasas educacionales”. Esta
nueva concepción de la universidad generara la corrupción, ya que para las
autoridades la universidad se convierte en un espacio de acumulación de
capital dejando de ser una institución al servicio de los estudiantes y de
la sociedad.
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De igual manera el nuevo modelo universitario refrenda la tendencia que
excluye a los trabajadores del gobierno de la universidad al reconocer
como miembros de la comunidad universitaria solamente a los docentes,
graduados y estudiantes, ello también ha contribuido a desligar a la
universidad de la sociedad y a fortalecer a las mafias corruptas de
autoridades.
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La lucha democrática que llevo adelante el pueblo peruano contra la
dictadura, al ser absorbida y mediatizada por los partidos de la derecha
al servicio de los grupos de poder imperialista, no permitió llevar
hasta las ultimas consecuencias las reivindicaciones democratizadoras de
las grandes mayorías, por ello es que la Constitución del 93 quedo
vigente y con ella el modelo de universidad neoliberal, significando esto
la estabilidad al gran capital monopólico y a las mafias universitarias.
Ello ha llevado a que la universidad peruana quede sumida en la
corrupción, en el abandono presupuestal y en manos de mafias que se
instauraron e institucionalizaron durante la década de la dictadura,
muchas de ellas provenientes de las filas del viejo partido maoísta Patria
Roja.
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La organización estudiantil.
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La aplicación de la contrarreforma fujimorista también afecto notablemente
las capacidades organizativas del movimiento estudiantil peruano. La lucha
contra el terrorismo “justifico”la destrucción de las organizaciones
naturales del estudiantado y genero la despolitización de éste.
Actualmente existe una carencia de instancias representativas que permitan
dotar al movimiento estudiantil de una dirección unitaria y centralizada,
por ello es que la atomización y dispersión de las luchas tiende a ser una
constante contribuyendo a debilitar las iniciativas y aislar las acciones,
cuando el problema de fondo afecta a todas las universidades demandando
por ello una respuesta conjunta.
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Otro de los factores que a contribuido notablemente a acrecentar este
déficit organizacional ha sido y es el rol pérfido jugado por el partido
maoísta Patria Roja. Esta organización, con sus métodos conciliadores y
hegemonistas, terminó haciéndole el juego a la dictadura fujimorista y
colaborando con ella en la nefasta tarea de destruir y despolitizar al
movimiento estudiantil.
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Esta política nefasta la utilizaron para vaciar a la Federación de
Estudiantes del Perú (FEP) en la cual solo ellos ejercían presencia y
control político, lo que les permitía tener mejores condiciones para
negociar con los gobiernos de turno. Ello ha llevado hoy a la
imposibilidad total de realizar cualquier intento de recomposición
democrática de la FEP “desde dentro”, ya que las posiciones sectarias y
hegemonistas de Patria roja lo impiden.
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Actualmente la FEP de Patria Roja se ha convertido en un cascaron vacíó y
carente de toda representatividad real, un hecho que evidencia claramente
esto se dio cuando convocaron a una movilización nacional para el 16 de
septiembre último y en Lima solo asistieron 50 personas, no teniendo
ninguna repercusión en el interior. Patria roja y su FEP han estado
ausentes del ultimo proceso de lucha estudiantil manteniendo en todo
momento una posición critica, acusando al estudiantado junto a los voceros
de Toledo, de tener vinculaciones con el terrorismo, lo cual ha generado
el repudio total hacia esta corriente.
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A pesar de todo ello el movimiento estudiantil, en este último periodo de
ascenso ha generado muy embrionariamente espacios y mecanismos de
centralización, teniendo como ejes dinamizadores las tres universidades en
conflicto (Trujillo, Ingeniería y altiplano- Puno), con las cuales se ha
formado una coordinadora ínter universitaria. Desde allí se ha impulsado
la organización y la unificación de las luchas no solo de las
universidades en conflicto sino también a nivel nacional. El grado de
representatividad de este nuevo espacio quedo evidenciado en la masiva
convocatoria que se logro en la jornada nacional del 22 de septiembre
donde, en Lima solamente, después de muchos años marcharon alrededor de
3000 estudiantes de diversas universidades de la capital y del interior.
Aún cuando este espacio no representa todavía una estructura nacional
reconocida por el conjunto de los estudiantes, es un primer esfuerzo por
dotar al movimiento estudiantil de una dirección, tarea que se
repontenciará a partir de la reconstrucción democrática y desde las bases
del movimiento estudiantil universitario.
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Las nuevas consignas y la orientación de la lucha estudiantil.
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Las principales consignas que han permitido unificar hasta ahora la lucha
estudiantil son: contra la corrupción, contra la reelección de
autoridades, por la implementación del voto universal y por la
revocatoria. Estas demandas democráticas cuestionan directamente la
corrupción institucionalizada en la universidad peruana.
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La corrupción vigente en las universidades esta amparada por la corrupción
estatal que caracteriza al gobierno de Alejando Toledo y tiene como sostén
legal la actual Ley Universitaria y las demás instituciones del Estado,
como la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), que se ha convertido en un
sindicato de rectores encargado de cubrirles las espaldas a los corruptos;
de igual manera el Ministerio de Educación se encuentra en manos del
promotor del modelo de universidad-empresa durante el fujimorismo, Arq.
Javier Sota Nadal, quien en repetidas oportunidades a demostrado su
vocación privatista y preservadora del estatus quo universitario, así
mismo el parlamento y el ejecutivo son contrarios a solucionar las
demandas estudiantiles dedicándose únicamente a descalificar la protesta
estudiantil acusándola de ser un montaje del terrorismo senderista.
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Las nuevas luchas estudiantiles aperturadas por los sucesos de la
universidad de Tacna en junio de este año y continuadas en Puno (UNA),
Trujillo (UNT) y Lima (UNI), son a su vez, parte de las luchas
democráticas y antineroliberales que viene llevando a cabo nuestro pueblo
en diversas instancias y que encuentra en la lucha contra la corrupción,
contra la impunidad, contra las privatizaciones, sus banderas más
sentidas. Lo ocurrido en el pueblo de Ilave hace algunos meses atrás
evidencia esta tendencia, ya que allí fueron precisamente las demandas
democráticas que exigían la destitución de la autoridad corrupta lo que
termino desbordando la paciencia del pueblo ante la incapacidad legal e
institucional de resolver sus problemas. De igual modo el paro nacional de
la CGTP del 14 de julio que levantó la exigencia de una Asamblea
Constituyente muestra la importancia de las consignas democráticas como
palancas de movilización contra los gobiernos de turno entregados al gran
capital imperialista.
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Luchas como las de los estudiantes o las del pueblo de Ilave (ilave)
cuestionan profundamente el sistema político imperante ya que muestran el
carácter antidemocrático de los regímenes democrático burgueses. Las
demandas estudiantiles, por ejemplo, confrontan directamente la actual
legislación universitaria vigente y cierran filas en torno a la exigencia
de una nueva reforma universitaria que solo puede llegar a plantearse
seriamente en el marco de una nueva Asamblea Constituyente con
representantes directo de las organizaciones populares, universidades,
colegios profesionales, frente regionales, comunidades, etc. El gobierno
de Toledo y todos los partidos del régimen se oponen a este elemental
derecho democrático y pretenden introducir solo reformas parciales a la
Constitución fujimorista aún vigente para no tener que poner en cuestión
el modelo neoliberal. La demanda de una Asamblea Constituyente ha pasado
entonces a ser un factor de unidad del pueblo peruano y los estudiantes y
chocará una y otra vez con el Acuerdo Nacional (partidos burgueses,
empresarios y direcciones sindicales) que sostiene a Toledo.
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¿Qué se ha logrado hasta ahora y que queda por hacer?
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Lo que se ha logrado hasta ahora son triunfos parciales que abren mejores
condiciones para la lucha y por la reorganización del movimiento
estudiantil. Siguen en pie una serie de reivindicaciones como la lucha por
más presupuesto para las universidades y contra el pago de la deuda
externa, en defensa de la educación publica y contra la privatización, por
la disolución de la ANR y vigencia de la autonomía universitaria (si bien
fue necesario usar la ANR para sacar a las autoridades corruptas, la
democratización que reclama el movimiento estudiantil no vendrá de la mano
de las comisiones interventoras designadas por la ANR). Definitivamente se
ha abierto un proceso de reorganización desde abajo y en la conciencia
estudiantil se ha instalado la necesidad de pelear por una reforma
universitaria cuyo contendido democrático y antineoliberal llevará a
articular de mejor manera, con el conjunto del movimiento popular la lucha
por una Asamblea Constituyente.
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Queda entonces en pie la tarea de reorganizar los gremios al calor de
estas luchas y desde las bases, con métodos democráticos, y también la de
gestar una nueva dirección estudiantil nacional que busque comprometer la
lucha universitaria con el conjunto del pueblo en tanto el estudiantado es
también un componente de la lucha social antiimperialista y
anticapitalista.